
L a noche destila quejidos en forma de poemas dolientes,
con esquirlas de metal en heridas antiguas.
Llegan sonidos de tiempos borrados
por la tenue línea de la memoria .
Cierro con llave puertas que dan paso a otras puertas
siseando los secretos del pasado.
Tienen idioma propio los ruidos de las batientes
Los crujidos de la seca madera…
El ritmo acompasado de los viejos herrajes,
repiten una y otra vez como viejas plañideras:
Que no soy yo... que aún no soy yo.