24/11/08

EL FETICHISTA

Era el verano de 1980, todos los días nos reuníamos la pandilla de amigos en la playa, Javier, Chusco, Manolo, Pepi, María, la primas de María, y unos cuantos más, todos amigos de la infancia.
Aquel verano estaba siendo especialmente soleado y caluroso, entre bromas, risas y baños pasábamos los días. Siempre coincidíamos la misma gente en la zona de la playa , madres con niños pequeños, abuelas tomando el sol , parejas de novios, siempre los mismos, entre ellos se encontraba un chico de nuestra edad que nadie conocía, un chico extraño, que siempre estaba solo. Era delgado, muy blanco de piel con una camisa a cuadros que nunca se quitaba y un bañador azul marino, pero lo que nos hacía mucha gracia y era motivo de burla por parte de todos eran sus gafas, grandes de concha negra con cristales de culo de botella.

Hasta aquí todo normal. Pero una tarde el chico extraño que siempre se mantenía a una distancia prudencial, se había aproximado a nuestra zona de la playa más de lo que solía hacer, nadie le dio mayor importancia ese día estábamos tumbados tomando el sol sin prestar demasiada atención a las maniobras de acercamiento del chico, pero una voz de protesta de Javier nos hizo levantar la cabeza de la toalla y volver la mirada hacia dónde se encontraba, lo que vimos nos dejó sin palabras; Javier sentado en la arena con cara de perplejidad. El chico extraño acariciaba sus pies con cara de éxtasis, se estaba masturbando allí delante de todos nosotros acariciando los pies de nuestro amigo.
Javi le dejó acabar sin saber exactamente como reaccionar ante algo que le sorprendía y que no entendía, cuando concluyó los tocamientos el chico extraño se levantó abandonó la playa sin decir ni una palabra, no volvimos a verle el resto del verano aunque el tema lo explotamos durante mucho tiempo y la famosa escena de los pies daba mucho juego a pesar de que Javi no le veía la gracia.
Ha pasado mucho tiempo y la vida irremediablemente nos ha cambiado a todos nosotros desde aquel lejano verano del 80, unos se fueron a trabajar fuera de Asturias, otros se casaron, se divorciaron, a la gran mayoría les he perdido la pista.
Una mañana entré en una zapatería que acababan de abrir cerca de mi casa me habían recomendado unas amigas que me acercara a la tienda pues los zapatos eran bonitos y de calidad y los dueños muy atentos y simpáticos además de tener un gusto exquisito. El dependiente que me atendió era muy amable y atento, le reconocí casi al momento ¡era el chico extraño!, los años no le habían cambiado nada, seguía con sus gafas de aumento más modernas eso sí, pero con el mismo aire frágil que tenía en aquel lejano verano.
La zapatería se llama “Los Pacos Pies”, y era evidente que el tal Paco era él y el socio era su pareja. Desde luego me vendió unos zapatos preciosos. ¡ Casualidades que tiene la vida!.