16/6/08

INTERIORIZAR




Dicen los psicólogos, que para demostrar que el cerebro está constantemente en ebullición hay que realizar un ejercicio muy sencillo: coger un folio en blanco y ponerse a escribir todo lo que se nos pasa por la cabeza. Justo es lo que estoy haciendo en este momento. Pero al margen de esto, voy a realizar un ejercicio de interiorización, no sé” el qué” exactamente, la condición es que al final de este escrito, debe llevar una estrofa de una canción de Serrat.
Un buen amigo me ha dicho que para escribir bien, hay que dominar dos cosas; El continente y el contenido, que de nada vale que seas muy creativo, (contenido), si le pones un lenguaje carente de las más mínimas reglas gramaticales y ortográficas (continente) Yo intento poner en práctica, las dos juntas, continente y contenido.
Si quiero expresar algo que es difícil poner sobre papel, por ejemplo tocar un tema un tanto farragoso, o un poco tabú. Se dispara toda una complicada maquinaria que se encuentra en mi cerebro.
Saltan mis neuronas y se ponen a la defensiva, porque…como decirlo…es como si tuvieran dos pequeños guardias de tráfico que te detienen en un control de aduanas, ahí es dónde las neuronas se acojonan y no dan de si, todo lo que debieran dar, yo, desde mi” Yo” consciente, las intento animar...-venga guapas que valéis mucho -les envío refuerzos, que si una tacita de café que si un pitillo, que si una sidrina.
Por un tiempo los guardias civiles levantan la barrera y me dejan pasar. Aprovecho y entro con ellas en avalancha, arrasando todo lo que encuentro, que suele ser ideas, fantasías de sabor a chocolate y nata.


Es tanto el nerviosismo que me invade al verme libre de ataduras, que me paralizo, y las neuronas me dejan plantada y se van de viaje al Caribe, las muy golfas, dejándome el marrón el negro y el colorao.
Es en este punto, cuando empiezo a disparatar, y ya no hay quien me pare. No respeto ni continente ni contenido, mi cerebro se colapsa, y se llena de cortacircuitos.
Cuando se me pasa el cabreo, reflexiono con calma, y pienso “ya volverán”. Me convenzo a mi misma de que es un lapsus pasajero, y que como casi siempre, las aguas retornarán a su cauce… ¡caramba es verdad vuelven a casa como el turrón¡
Puede que esto sea una nimiedad, pero a mi me gusta, les da una formalidad que en si, no poseen. Porque si por ellas fuera…estarían vagueando todo el día tumbadas en el sofá.

Lo que verdaderamente me gusta y creo que a los contadores de historias nos
hace un poco mas felices; es que no lean, da igual quien: tu madre, tu novio, la peluquera, la vecina del bajo o perico de los palotes, y que hablen bien o mal tampoco importa demasiado… porque como decía Joan Manuel Serrat en una preciosa canción:

“Todo está listo, el agua, el sol, y el barro, pero si falta usted no habrá milagros”




Olvido

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